No suelo contar nada que no sean cosas técnicas, pero esto que me ha pasado ya me tiene un poco mosqueado. En una semana me han llamado 3 veces para regalarme un libro de cocina, dos relojes (señor y señora) y una magnifica plancha, eso sí, todo gratuito. Lo más curioso es que ha sido de tres empresas distintas, lo cual me hace sospechar sobre eso de la Ley de Protección de Datos.
El libro me interesaba, dije que sí, pero nunca llegó a mi casa. Los relojes dije que no y eso que solo me cobraban 12 euros de gastos de envío, ni que el mensajero viniera en taxi, compro cosas por internet y los gastos de envío no llegan a esa cantidad ni de lejos. Y de la plancha, pues paso, tengo un centro de planchado muy majo y que ya forma parte de la familia, sería despreciable de mi parte deshacerme de él después de todo lo que hemos vivido juntos.
Lo que más pena me da son las teleoperadoras, víctimas de contratos de @%&# y que tienen que hacer frente a campañas imposibles. Al menos en mí está el tratarlas con toda la educación del mundo aunque tenga ganas de mandarlas a paseo por el latazo que me dan, culpa suya no es.
A ver si en la próxima llamada me regalan un Tom Tom o el MacBook Air para poder ir a un StarBucks y flipar de friqui-intelectual, que parece que es lo que está de moda, porque para otra cosa al Air no le veo utilidad.
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